domingo, 1 de octubre de 2017

Sangre

Bajo el pulso de esta pelea de gallos (“¡Yo hago esto porque me sale de los huevos!”; “Pues no lo haces, ¡porque no me sale de los cojones!”; etc.), de escaso interés pero enorme audiencia, subyace un racimo de emociones y sentimientos enconados (“Yo soy mucho mejor que tú, ¡dónde va a parar!”; “¡Anda, cretino ignorante, no sirves para nada, ¡vete a tomar por culo!”, etc.), que crecen y crecen como la espuma. El pulso es irrelevante —ganará uno, ganará el otro, ganarán o perderán los dos, da igual—, pero los prejuicios dañinos, las valoraciones perversas, los odios desatados solo conducen a una cosa: más violencia y más odio, nacidos en gran parte de la “ignorancia recíproca”. Las heridas físicas son normalmente fáciles de curar, normalmente basta con aplicar la cura adecuada y esperar; los desprecios de sangre, al estilo del que sienten los Heredia hacia los Montoya, solo tienen un arreglo: la generosidad mutua. Pero parece que andamos todos muy tacaños de generosidad.

jueves, 9 de marzo de 2017

Borges y la biblioteca de Babel

En su ensayo La Biblioteca de Babel (Ficciones, 1941), Borges idea una biblioteca formada por un número enorme de hexágonos. En cada hexágono, cuatro de los lados están dedicados a albergar libros. En cada lado hay cinco anaqueles que albergan un número no inconmensurable de volúmenes, todos idénticos en forma y tamaño. Cada volumen consta de 410 páginas y en cada página hay 40 renglones. Es decir, cada libro tiene un total de 1640 renglones.

Todos los libros se nutren exclusivamente de las 22 letras naturales, el punto, la coma y el espacio. Estos caracteres podrían ser, por poner un ejemplo, los siguientes (entre otras muchas posibilidades):
a b c d e f g h i j k l m n ñ o p r s t u y . ,

más el espacio vacío.

Cada renglón está compuesto por una combinación cualquiera de estos 25 caracteres alfabéticos. Puesto que cada renglón consta de 80 caracteres, las posibles combinaciones de los 25 caracteres alfabéticos agrupados de 80 en 80 son enormes, pero no infinitas. Las reglas de la combinatoria son claras:

Es decir, en cada renglón hay algo menos de setecientos mil millones de posibles combinaciones. Barruntemos algunas de ellas:

gocémonos, amado, y vámonos a ver en la espesura, al monte y al collado, do mana

Se nos cortó el verso de San Juan de la Cruz. Probemos otro:

gocémonos, amada, y vámonos a ver en la espesura, al monte y al collado, do mana

En esta variante el objeto amoroso es femenino, un bonito detalle. Otra variante:

gocétoros, amado, y escolio termi en la espesura, lo monte e lu colmado, to rana

O bien,

imimemimioamimemiiioaiineminioiiimemiaioaaimemimioamimemimioaai.e.i.ioa.i.emimii

En total, setecientos mil millones de combinaciones. Podéis probar con las que más os gusten.
Un poco más de matemáticas: puesto que en cada libro hay 1640 renglones, el número de combinaciones posibles, es decir, el número de libros que componen la biblioteca borgiana de Babel es, ni más ni menos…


Este número es tan descomunal que es difícil que encontréis una calculadora con un resultado distinto de infinito. Pero no es infinito, ni mucho menos. Aquí se intuye la genialidad del autor: no se trata de algo imposible. La construcción de la biblioteca sería laboriosa, muy laboriosa, pero en absoluto imposible.

Lo sorprendente de todo esto es que la susodicha biblioteca no solo alberga todos los libros, cartas, diarios, ensayos, poemas, etc., que hayan sido escritos en castellano o español, sino en cualquier otro idioma europeo, americano, asiático, africano o de donde imaginéis. Cualquier combinación de caracteres que se os ocurra, en el idioma que sea, real o inventado (ya sea por Tolkien o por cualquier otra persona) están contempladas en alguno de los volúmenes de la biblioteca de Borges. Jajajaja… esto es sencillamente desternillante –un poco enloquecedor– y al mismo tiempo muy estimulante.

(Nota para los muy puntillosos: si pensáis en un idioma cuya fonética es mucho más rica, pongamos por caso, que el castellano, no debéis recelar demasiado: bastaría con insertar unas cuantas páginas al principio de cada libro, una codificación, donde se especificaran esas posibilidades fonéticas no contempladas. Hay tantas posibilidades con esos 25 caracteres que en absoluto son necesarios más; pensad que en informática todo funciona a base de ceros y unos.)

Borges indaga en el concepto de infinito, aplicado tanto al espacio como al tiempo: imaginad todas las obras perdidas de Herodoto, de Euclides o de Epicuro, perdidas durante tantos siglos. Todas ellas están en alguno de los volúmenes de la biblioteca. Para obras de gran tamaño, como las de Herodoto, quizá necesitemos unos cuantos volúmenes; pero todo está ahí, en orden y punto por punto. Imaginad a continuación todas las obras que están por venir, todas esas maravillosas novelas, ensayos, cartas apasionadas, artículos de prensa, libros de divulgación y de autoayuda, efímeros o eternos... Todo, simplemente todo, está incluido en la biblioteca.

Las posibilidades son casi infinitas. Pensad ahora en todas las posibles ediciones facsímiles de cualquiera obra, presente, pasada o futura, imaginaria o real. En esa copia de tu relato favorito en que la letra b de la tercera aparición de la palabra cascarrabias se transformó por un error de imprenta, o de otro tipo, en una p, una t o una h. O en esa versión cutre, barata, que se vendía en kioscos de barrio pobre, donde desaparecían párrafos enteros, o capítulos enteros. Todas las versiones posibles, imaginadas y por imaginar, están en la biblioteca. ¿No es desternillante?

Esta es una manera a un tiempo sencilla y compleja de hacer transitar la literatura por el campo de la matemática y hasta de la metafísica. (Inciso: me encantaría un vis a vis entre Sheldon Cooper y Jorge Luis Borges. Creo que el primero se sentiría fascinado por el ensayo del segundo y seguro que algo aprenderían mutuamente.)

Pero además, Borges plantea el asunto de la “semiótica”. No contento con las inalcanzables posibilidades que nos plantea la simple combinatoria, da una vuelta de tuerca y plantea lo arbitrario que es asignar un determinado sentido a cierta palabra. ¿Por qué «vaca» debe significar un mamífero cuadrúpedo, y no «ordenador», «escozor» o «cualquiera»? Acto seguido, nos cuenta que «algunos bibliotecarios sostienen que los libros nada significan en sí». Esto es supremo, magnífico: Borges, con un par de agallas, rebate el edificio completo de la literatura (y, más allá, de todo lo escrito) y plantea su sentido relativo. ¿Por qué ha de tener más sentido un soneto de Garcilaso que la sucesión repetida, pongamos por caso, de los tres caracteres r, i y p?

No deja de ser un convencionalismo asignar valor al soneto y menospreciar el discurso ripripripriprip… ¿Y si este último fuera la clave para entender el universo? ¿Y si fuera el mantra eterno? Aún si no fuera este último el caso, ¿por qué no asignarle ese valor? Jajajajaj…

Es absolutamente imperdible la imagen de las personas que, conscientes de que en algún lugar de la biblioteca hay un libro defendiendo (vindicando) su valía, se entregan a la quimérica tarea de encontrarlo. Otra imagen: la de aquellos humanos que juegan a dioses tratando de componer, siguiendo las leyes del azar, el libro canónico, algo tan improbable como lo anterior.

Aventuro que en Argentina o en otros sitios ya se deben haber establecido paralelismos entre Internet y la biblioteca de Babel ideada por Borges. Pero su libro fue escrito en 1941 (¿les suena la fecha?). Borges conoce «distritos» donde los jóvenes se arrodillan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Siento escalofríos al pensar en esta imagen, porque cabe la posibilidad de que sea, bien entrado el siglo XXI, más actual que en 1941.

Desde la casi total ignorancia de su obra, me atrevo a decir que los grandes escritores, los enormes como Borges, son capaces de aprehender detalles o aspectos del universo entero con cuatro pinceladas, o con un simple ensayo.

Me encantaría conocer las opiniones que se hayan escrito sobre este relato. Podéis imaginar que en algún lugar de la biblioteca están todas ellas. Sería divertido hacer una excursión a la biblioteca con esas personas, bien pertrechados para tratar de localizar el volumen o volúmenes donde se encuentran todos ellos ordenados por fecha, desde 1941 hasta el presente. Eso sí, no deberíamos olvidar lo más importante: una buena dosis de paciencia, ropa casual y calzado cómodo.

viernes, 1 de enero de 2016

Banco Santander-Central Hispano(americano)

Por más que Parménides insista en que la realidad es estática, esféricamente perfecta e inmutable, no puedo dejar de pensar en lo contrario: la realidad se nos presenta dinámica, multifacética, imperfecta e inevitablemente mutable. Continuamente mutable, mutante, mutándose de unas formas en otras.

La realidad no es una, es una multiplicidad de realidades. O, mejor dicho, la realidad se transforma como una enorme lombriz inacabada e inacabable, en una transformación perpetua, con mil y un vericuetos, con cientos de laberintos, enrollada sobre sí misma con quién sabe qué propósitos o finalidades.

"Juanita es muy XXX", o "A Pepito le gustan mucho las YYY", son frases que estamos hartos de escuchar. Son absurdas de principio a fin. Porque Juanita no es la misma ayer de lo que será mañana, y lo mismo le pasa a Pepito. Esas afirmaciones son, más bien, modos o herramientas, burdas, para tratar de aprehender la realidad sobre Juanita y Pepito. Pero ni Juanita ni Pepito son aprehensibles en un par de brochazos, ni mucho menos. Como cualquier otro ser (animado o no), se trata de entes permanentemente cambiantes que no pueden definirse en una frase estática, como la imagen impresa de estas letras en una hoja o una pantalla.

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En otro orden de cosas, y siguiendo un razonamiento al estilo de Parménides de Elea, concluyo, hoy, a 1 de enero de 2016, el año de mi cincuentenario, que el futuro de la cultura española es, indubitablemente, la incomunicación entre los seres humanos, al menos entre los que pueblan este pedazo del planeta Tierra: si hace treinta años ya había sociólogos que advertían de la alienación que podía acarrear el excesivo consumo de televisión, hoy el asunto se ha desbocado en tal manera con tal cantidad de medios electromagnéticos de todo calibre, que no cabe duda de que la comunicación ha sido, definitiva y sistemáticamente, eliminada.

¿La razón? En cientos de miles de hogares, recién sonadas las campanadas, recién estrenado el nuevo año, con las bocas anhelando besos, con los brazos anhelando abrazos, con los cuerpos anhelando cuerpos tibios, abiertos al beso y al abrazo, ¿qué tenemos, qué observamos? Observamos androides atentos a los ires y venires de las aplicaciones de teléfonos móviles que, paradojicamente, se anuncian como aplicaciones de comunicación. Pero que, a las claras, no son más que herramientas, contundente y radicalmente, de incomunicación.

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Y en un orden de cosas aún más preocupante, pienso que hay motivos más que suficientes para pensar que el futuro inminente de este pedazo de planeta está, no al borde del precipicio, pero sí a punto de llegar a un cruce de caminos en su historia. Momentos catárticos que, por ahora, nadie sabe descifrar con seguridad, pero que a buen seguro van a suponer una tremenda sacudida para las y los habitantes del país. Y a la primera sacudida quizá le suceda una segunda, e incluso una tercera. Dicen los optimistas, en base al famoso juicio de Bismark, que ha habido momentos tan críticos, e incluso más, y que se ha salido adelante. Pero no puedo dejar de pensar que este es diferente. En un par de años lo veremos.

martes, 8 de diciembre de 2015

España-Francia, ¿borgoña o cocido?

Hace casi quince años, un 11 de marzo, murieron en Madrid cerca de doscientas personas en varios ataques terroristas perpetrados por grupos islamistas radicales. Hace poco menos de un mes murieron unas ciento treinta personas en París en otra serie de ataques terroristas, también perpetrados por grupos islamistas radicales.

Aquel mes de marzo de 2004, España se alteró enormemente durante los tres días que quedaban para las elecciones generales. Un revoloteo tremendo se armó por cuenta de los ataques sufridos. Hubo una enorme confusión y cada partido tiro de su lado con fuerza, más atento a tratar de sacar rédito o a no salir perjudicado, que al propio asunto, que en realidad pasó a ocupar un segundo plano. Hubo ventiscas de opiniones y voluntades que recorrieron toda la península, de arriba abajo y de un lado a otro; y cambió el gobierno. En el plano internacional, no sucedió nada. No hubo grandilocuencia, ni grandes frases sobre la Civilización y los bárbaros ni nada parecido. España tampoco tomó ninguna medida, salvo retirar unas pocas tropas de cierto país en conflicto al cabo de unos meses.

Por su parte, Francia ha quedado hondamente perturbada por los ataques sufridos en su capital. París encarna el meollo, el puro corazón, la almendra central del mundo y la cultura francesa. El actual presidente de la república, «socialista», hizo desde el primer día una serie de contundentes y muy sentidas declaraciones, seguidas por no menos sentidas declaraciones de una montonera de dignatarios de muy diversos países. Se ha hablado de ataque a los valores alrededor de los cuales se ha construido Francia, se ha hablado de intento de derrocar la cultura y la forma de vida francesas, se ha hablado de ataque a Occidente por parte de los bárbaros, de muchas y muchas cosas, todas muy elevadas e importantes.

Hablando de importancia, Francia aspira, en pleno 2015 (se dice pronto) a continuar siendo una potencia mundial; no sé si lo consigue, pero al menos se acerca a ello. El país ha iniciado por cuenta propia una serie de ataques contra supuestos focos de terrorismo en Siria, y consigue el apoyo activo de un buen racimo de países en su lucha contra el islamismo radical. Apenas se escuchan, ni siquiera en España, críticas o reprobaciones de ningún tipo; por no haber, casi no hay ni comentarios al respecto. No hace falta ser muy vivo para darse cuenta de que algo así sería por completo inconcebible en España.

Por nuestra parte, España ocupa un papel muy de segunda o tercera fila en el panorama internacional. Para empezar, el ejército es muy escaso y pobre en recursos. A pesar de las continuas críticas de los partidos denominados «de izquierdas», está medio desmantelado, casi abandonado; incluso las intenciones de varios partidos son desmantelarlo aún más, hacerlo desaparecer. La «sociedad española» (con todas las reservas de este término obsoleto) lleva muchos años instalada en una posición profundamente antimilitarista; todo atisbo de actuación militar es objeto de críticas, burlas y cachondeo al más puro estilo hispánic.

Por otro lado, el sentimiento de nacionalismo español es incomparablemente más pobre que el de nacionalismo francés. Son muy pocas las personas que en España se sienten orgullosas y felices de ser españolas, y menos aún las que se atreven a demostrarlo fuera de los estadios de fútbol. Cada vez parece más claro que este país carece de la mínima cohesión social y cultural necesaria para garantizar un futuro unitario. Esto se aprecia estupendamente en campaña electoral; basta escuchar a los/as candidatos/as de cualquier provincia o región para entender esta peculiaridad del estado español, que lleva camino de convertirse así en una pluralidad de estados a medio o incluso a corto plazo.

Todo esto y muchas más cosas aburridas creo que conviene tener en cuenta para entender el maremágnum español. Una cosa es cierta: parece que vamos a seguir dando la nota en Europa y en América (los únicos lugares del mundo donde nos conocen un poco) por un tiempo, como llevamos haciendo desde el siglo XVI.

De todos modos, qué duda cabe que, obligatoriamente, me siento y me sentiré siempre (pienso yo) más afín a un cocido que a un buen vino de Borgoña, aunque me lo sirvan en un château. Soy de aquí, para bien y para mal. Eso sí, el cocido, mejor vegano, por favor.

Postdata antropológica: este país tiene una de las tasas de natalidad más bajas del planeta; si discriminamos por origen y nos quedamos con los datos de la población autóctona, la tasa es aún menor, muy por debajo del mínimo necesario para garantizar la reposición natural de la población. Este suicidio colectivo voluntario no significa que el país vaya a despoblarse, pues sobran cientos de millones de personas de otras procedencias que seguiran encantados de habitarlo; y a escala planetaria no es más que un dato estadístico apenas insignificante. Pero es interesante y pasmoso reflexionar sobre ello. A propósito de este asunto, un alto cargo eclesiástico acaba de hacer unas declaraciones en que afirma, en otras palabras, que «si llueve, el suelo está mojado». Le va a caer un chaparrón tremendo, porque apenas se permiten ya tales atrevimientos.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Las células grises

En plenos años ochenta, un joven profesor de álgebra en la facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid nos recomendaba una y otra vez utilizar las células grises para comprender la materia tratada. Y ahí nos veíamos unas cuantas docenas de estudiantes tratando de hacerle caso, aunque sin saber muy bien cómo se ponía en marcha ese mecanismo tan maravilloso que es el cerebro humano.

A estas alturas, sigo sin tener claro su funcionamiento, si bien lo intento una y otra vez, y creo que he aprendido algunas cosas al respecto: la importancia del genio; la mayor importancia del tesón, el trabajo, el esfuerzo; la inestimable ayuda de los hombros y cabezas de las personas que nos precedieron; lo perjudicial que resultan los mil y un prejuicios y condicionantes de todo tipo, que nos avasallan y nos impiden ver con claridad; y el reconocimiento de la libertad, sobre todo la libertad que nos damos a nosotros mismos para atrevernos con lo desconocido, lo incómodo, lo terrible, siempre que ello ayude, mucho o poco, a acercarnos a la realidad.

Sé que este terreno es demasiado filosófico para mis cortas capacidades, así que me limito a transcribir unas palabras de un reconocido premio Nóbel:

... con la Contrarreforma y el neotomismo, España y sus posesiones se cierran al mundo moderno. No tuvimos Ilustración porque no tuvimos Reforma ni un movimiento intelectual y religioso como el jansenismo francés. La civilización hispanoamericana es admirable por muchos conceptos pero... [...] ... A la larga esa construcción se volvió un encierro, una prisión. Los Estados Unidos son hijos de la Reforma y de la Ilustración. Nacieron bajo el signo de la crítica y la autocrítica... [...] ... La crítica racionalista barrió el cielo ideológico y lo limpió de mitos y creencias...

Más adelante:

... La Edad Moderna comienza con la crítica de los primeros principios; la neoescolástica se propuso defender esos principios y demostrar su carácter necesario, eterno e intocable. Aunque en el siglo XVIII esta filosofía se desvaneció en el horizonte intelectual de América Latina, las actitudes y los hábitos que le eran consustanciales han persistido hasta nuestros días. Nuestros intelectuales han abrazado sucesivamente el liberalismo, el positivismo y ahora el marxismo leninismo; sin embargo... [...] ... no es difícil advertir, ocultas pero vivas, las actitudes psicológicas y morales de los antiguos campeones de la neoescolástica...

Más adelante:

Desde la segunda mitad del siglo XVIII las nuevas ideas penetraron, lentamente y con timidez, en España y en sus posesiones ultramarinas. En la lengua española tenemos una palabra que expresa muy bien la índole de ese movimiento, su inspiración original y su limitación: europeizar. La renovación del mundo hispánico, su modernización, no podía brotar de la implantación de principios propios y elaborados por nosotros sino de la adopción de ideas ajenas, las de la Ilustración europea...

Más adelante:

... Las revoluciones de Francia y los Estados Unidos fueron la consecuencia de la evolución histórica de ambas naciones; los movimientos latinoamericanos se limitaron a adoptar doctrinas y programas ajenos. Subrayo: adoptar, no adaptar. En América Latina no existía la tradición intelectual que, desde la Reforma y la Ilustración, había formado las conciencias y las mentes de las élites francesas y norteamericanas... [...] ... Entre los grupos revolucionarios de Francia y sus ideas había una relación orgánica y lo mismo puede decirse de la revolución norteamericana; entre nosotros, las ideas no se correspondían a las clases. Las ideas tuvieron una función de máscara; así se convirtieron en una ideología, en el sentido negativo de esta palabra, es decir, en velos que interceptan y desfiguran la percepción de la realidad...

Los párrafos anteriores, escritos alrededor de 1980, son extractos de un ensayo de Octavio Paz titulado Tiempo nublado. En el último capítulo hace un magnífico resumen de la historia reciente de Polonia, tan claro para entender el funcionamiento del denominado "bloque soviético" que aconsejo vivamente su lectura a cualquier persona interesada. En la segunda parte del ensayo, Octavio critica con claridad cristalina la incomprensible postura de tantos y tantos "intelectuales" occidentales y latinoamericanos que durante muchos decenios simpatizaron, apoyaron (de palabra y en ocasiones de hecho) y justificaron las terribles noticias que llegaban de los países donde, supuestamente, había triunfado la "revolución". El escritor mexicano advertía ya entonces, hace 35 años, que había síntomas esperanzadores y que mucha de esa "intelectualidad" se había alejado ya o empezaba a alejarse de la defensa a ultranza de los años 50 y 60, si bien ese proceso no había terminado en absoluto.

Y ahora, la ronda de cuestiones. Todas terminan en un porqué:
  • En España ─y, me temo, en muchos países Latinoamericanos─, adversario político es sinónimo de «odiado-enemigo-presuntodelincuente-criminal». No se ve al adversario político como un elemento necesario para el normal funcionamiento del sistema, ni se tiene la más mínima intención de comprender los fundamentos, las razones, las causas del pensamiento diferente.
  • En España ─y, me temo, en muchos países Latinoamericanos─, tenemos profundamente arraigado el espíritu de caudillaje. Más que personas competences al servicio del Estado que nos hagan participar y que trabajen al servicio de la comunidad, buscamos caudillos en los que depositar nuestra confianza y que nos permitan descansar plácidamente durante toda una legislatura.
  • En casi toda Latinoamérica, en España y en otros países europeos, los sectores autodenominados «progresistas» o «de izquierdas» siguen viendo con enorme simpatía todos los regímenes dictatoriales o semidictatoriales que se cuelgan el título de «revolucionarios»: Nicaragua sandinista, Cuba castrista, Venezuela chavista...
  • En España aún no hemos comprendido cabalmente la importancia de disponer de un sistema judicial independiente. Cada vez que hay una causa judicial con políticos involucrados, una parte de la población se posiciona automáticamente a favor y otra en contra de la instancia judicial, ya sea para apoyar una condena que consideran obvia y necesaria, o bien para censurar acaloradamente el atrevimiento de dicha instancia judicial por condenar a tal o cual persona. Es decir: aún no hemos entendido en absoluto la noción básica de la separación de poderes en partes independientes. 
  • Hasta ahora, en España y en muchos países latinoamericanos, los partidos políticos, que se supone debían ser ejemplos de funcionamiento democrático, han sido más bien ejemplos de lo contrario: por un lado, más que la libre discusión de ideas y opiniones, han circulado el caudillismo y el servilismo más descorazonadores; por otro, el funcionamiento interno de los partidos ha sido (casi siempre) cualquier cosa menos democrático.
  • Cuarenta años de convivencia democrática en la península ibérica no han sido suficientes para que arraigue de verdad el espíritu de convivencia y de respeto mutuo que va íntimamente ligado a las auténticas democracias, ya sean repúblicas o monarquías constitucionales. La cuestión es si harán falta otros cuarenta años para terminar de afianzar el proceso.
Reflexión final: los movimientos populares que han surgido en algunos lugares de Europa, principalmente España y Grecia, combinan de modo casi mágico aspectos que resultan modernos o «actuales» (como la participación social, la importancia de las redes sociales, la horizontalidad, la supuesta transparencia, etc.) con otros aspectos que no son más que una reformulación, mediante un lenguaje del siglo XXI, de viejos (viejísimos) y oxidados principios, que se pueden resumir en un eslogan: ¡vamos a la revolución, compañer@s! Un ejemplo concreto: la adoración que sienten por la estatalización de los distintos sectores y actividades económicas.

martes, 11 de agosto de 2015

Un mundo mejor

"Los hombres tienen el deber de vivir para su generación, sin inmolarla en holocausto al Dios de los milenios y de las esperanzas mesianistas."
Max Aub (1903-1972)

http://www.eugeniarico.com/wp-content/uploads/2013/04/aub.jpg
Hay que ver. Tiene que venir don Max de allende los siglos ─de un tiempo en que «hombres» era sinónimo de «hombres y mujeres»─ a explicarme, a explicarnos, algo tan obvio.

Coincido plenamente con el Sr. Aub (inciso: la sonoridad de su nombre es tan especial que solo pronunciarlo parece dar un aire de intelectualidad).

Coincido con el Sr. Aub y me doy cuenta de lo fácil que es dejarse llevar por la cómoda pendiente del lamento continuo, en ambos sentidos, ya sea en forma de nostalgia por un tiempo pasado (supuestamente) mejor, siempre (supuestamente) mejor, o de anhelo por alcanzar estados más o menos perfectos en un futuro.

Nuestra obligación es vivir el presente, vivir y darlo todo por nuestra generación. Y añado: de modo tan «holístico» como nos sea posible. Es decir, tratando de integrar el mayor número de aspectos, y sin dejar nunca fuera ninguno esencial.

Y ahora, recomiendo a cada una/o que siga labrando su huerto. Atenta/o a la azada, pero también al surco; a la totalidad del sembrado; a la vecina/o, al barrio o pueblo; al vuelo del grajo; al canto de la alondra; a la dirección y la fuerza del viento; a las formas de las nubes, a su color, textura y movilidad; a la disponibilidad de agua; a las fases de la luna; a las voces de su cuerpo y de los demás, a tantas y tantas cosas que es imposible enumerarlas todas. Estar atento para no estar alienado.

Por esto último termino con otra cita de don Max Aub, esta más atrevida:

"Cuanto más se trabaja, menos se piensa: que el cansancio solo produce sueño. El trabajo es el opio de los pueblos."

domingo, 17 de mayo de 2015

Quizás

Te me mueres de casta y de sencilla.
Estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso
se te cae deshojada y amarilla.

Hermosas palabras las de Miguel Hernández y perfecto encaje de unas con otras en su construcción del soneto perfecto. Triste su muerte en un calabozo frío, oscuro y rencoroso.

 ***

Entre el "Conócete a ti mismo" de los griegos y "El yo no existe" budista parece interponerse un abismo que condena al fracaso todo posible entendimiento. Pero también podemos verlo de otro modo:

- Podría ser que el largo y trabajoso camino del conocimiento de uno/a mismo/a nos condujera al convencimiento de que el yo, efectivamente, no es más que una quimera. O bien,

- Podría suceder que la práctica de la disciplina budista, con su premisa radical de la inexistencia del yo, nos llevara a un conocimiento de "nosotros mismos", sea esto lo que sea, tan profundo y esencial como el de cualquier filósofo occidental.

Así que pudiera ser que lo que parece dispar e irreconciliable no fuera, como en tantas ocasiones, más que una manera distinta de llegar al mismo sitio.

 ***

No es el amor. Es el rechazo del amor lo que, con gesto brutal, despiadado, nos aleja, nos desgaja, nos destituye.

 ***

Los cachorros de mamífero, esas criaturitas tiernas, delicadas y frecuentemente peludas, muestran una dependencia total hacia sus progenitores y despiertan en estos, si son bien nacidos, sentimientos de protección, cuidado y cariño insustituibles. Literalmente insustituibles. Los cachorros saben por inteligencia cromosómica que nadie les cuidará mejor que sus progenitores. Y estos entienden también que sus cachorros no serán bien cuidados (o que incluso no serán cuidados en absoluto) si no están presentes. Fuente de amores mutuos y de mutuas irracionalidades. De mutuas satisfacciones y de alguna que otra angustia.

La dependencia de unas y la responsabilidad de otras es tan fuerte que transforma, obliga y empuja como ningún otro instinto o sentimiento.